sábado, 23 de julio de 2011

A las armas! .... digo... a las flechas!!


No deja de ser paradójico que los juegos de antes fuesen doscientas mil veces más sofisticados que los de ahora. Es una pena contemplar la industria videojueguil actual y darse cuenta de que vive anclada en 3-4 géneros cuando en teoría a más medios más espacio para la creatividad, una ecuación que por desgracia muy pocas veces termina por materializarse (honrosas excepciones que no dejan de ser excepciones). Pero en fin, yo he terminado por aceptar que los videojuegos antes y ahora son cosas absolutamente diferentes, hasta diría que el perfil de jugador ha cambiado drásticamente hasta el punto de no tener nada que ver el jugador de ahora con el de antaño. Tampoco voy a hacer un llamamiento a las armas, y qué coño! que he venido a hablar de mi libro, que yo de las consolas ya me jubilé, no sé por qué me meto en donde no me llaman.

Hablaba antes de llamada a las armas y es que con un redoble militar se inicia precisamente Pooyan, un juego cuyo nombre puede dar lugar a la broma fácil (imagínate a ti mismo de crio pidiéndole a tu padre que te compre el "poyan"), pero cuidao, cosa seria. Este es uno de esos juegos que compensa la escasez de recursos de las consolas de antaño con una imaginación desbordante.




La mecánica del juego es tan sencilla como difícil de explicar. En la introducción podemos ver como una cría de gorrino (aunque parece otra cosa) es secuestrada por un lobo; a continuación aparece la madre (que se distingue por unos mofletes considerables) para ir detrás del secuestrador de su hija. Empieza el juego. Manejamos a la madre, o más bien la polea de una especie de ascensor en el que ella va montada, tirada de la cuerda por sus fornidos niñitos gorrinos. Unos lobos empezarán a bajar de la copa de un árbol utilizando globos como si fueran paracaídas, la vida misma vamos. Nuestra misión consiste en disparar flechas para reventar los globos y que así los lobos se den de bruces contra el suelo. Si algún lobo alcanza el suelo globo mediante subirá por una escalera y se posicionará en uno de los huecos que hay en el recorrido de nuestro ascensor rústico con fin de hacernos la vida imposible, y por si fuera poco, a medida que van cayendo nuestros enemigos nos irán lanzando bolas por las cuales si somos alcanzados obtendremos una dolorosa caída (bastante gore por cierto).

Hay una sola variante de la fase y es igual sólo que en esta ocasión los lobos vienen de el suelo y suben hasta arriba en donde hay una piedra que será empujada sobre nosotros si suben efectivos suficientes como para poder arrastrarla. También tenemos la clásica fase de bonus de este tipo de juegos, en la que un lobo rosa nos tira frutas que nosotros debemos alcanzar con las flechas.. que me pregunto ¿por qué las frutas eran un elemento tan común en los juegos de antes? otro día quizás le dedique una entrada a este asunto.

En fin, todo este guirigay surrealista en un juego en el que solo necesitas dos botones para marchar y 5 segundos para hacerte a él: lo que venía diciendo al principio, el máximo rendimiento posible con el menor número de recursos, y como este juego miles... qué digo! ninguno, Pooyan, como experiencia sensorial, no tiene parangón.

3 Comentarios:

HVN dijo...

Ey Azel! No sé si te acordarás de que te hablé hace tiempo de un juego indie en los comentarios: que si iba de un perro blanco o algo así.
Por fin sé cómo se llama: Fez. Si no lo conoces, échale un ojo.

Azel_Dragoon dijo...

Si claro que me acuerdo de ese, hable hace mucho de el en la página. A ver si voy poniendo cosillas en la web, que ahora que tengo una tableta con android estoy jugando a algunos juegos indies que son bastante buenos.

Azel_Dragoon dijo...

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